Cuando transité mi proceso de
depresión, después de pedir ayuda, lo que me ayudó un montón fue ESCRIBIR… con
errores, espaciado, mezclando letra de molde con la de carta, todo producto de
estar bajo los efectos de los medicamentos, pero siempre dejando por escrito
cada sensación, sentimiento y enojo que tenía. Hoy vuelvo a ver ese cuaderno y
se me ponen los pelos de punta, siento como un escalofrío por dentro porque me
leo tan sincera, es como que sin querer queriendo respondí a muchas de las
preguntas que me hago hoy en día pero siendo más consciente. Enojo, frustración
y dolor, son las palabras que más leo. Cito un poco de lo que escribí en ese
cuaderno, al comienzo… “otro día malo, muy malo… siento que mi cabeza funciona
cada vez menos, los dolores de cuerpo se vuelven más intensos, las puntadas en
los ojos son más repetitivos y los mareos me dan tantas arcadas que no tengo
ganas de comer. Nada me pone peor y me hace sentir una inútil, como saber que
el tiempo pasa y no tengo esperanza de que esto cambie… por mucho que quiera
encontrarle el lado positivo a las cosas, no lo encuentro. Siento que retrocedo
y todas las pilas, metas o cosas que me gustaban hacer, las termino abandonando
por el simple hecho de sentir que NO VALGO NADA. A veces vuelvo a cuestionarme
por qué no lo hice? Hasta cuándo debo aguantar? Quizás haber desaparecido hace
rato o por lo menos cuando tuve la intención, hubiese sido lo mejor… me siento
tan sola… siento que por más atención tenga de los demás, NUNCA VAN A ENTENDERME, porque no están en mi
cabeza, ni en mi cuerpo como para saber lo agotador que es no tener las
respuestas que me gustaría o la salida y eso, por momentos, me da mucho miedo…
el volver a tener esos pensamientos feos, el querer hacerme daño, el preocupar
a los demás… siento odio y pena por mi misma… mis hermanos están lejos, cada
una en la suya y yo cada vez con ganas de dejar de existir. Siento que mi
cuerpo sigue de pie porque las pastillas controlan eso que mi cuerpo no puede,
pero eso no es lo importante… lo importante es mi cabeza, lo que más miedo me
da y que todo esto siga y nunca termine.
Gracias a Dios nadie puede
leerme, estoy casi a oscuras encerrada en mi cuarto escribiendo, llorando, pero me sirve
para descargarme y soltar esto que me ahoga. Siento que por mas que quiera,
llore mil veces, de nada sirve ni puedo controlarlo…una no puede olvidarse de
un momento a otro por todo lo que tuvo que pasar, que fue lo que te marcó para
siempre… si me enoja? DEMASIADO porque no fui capaz de frenar (trauma por el
que terminé en depresión) lo que pasó, enojada porque me sentí desprotegida,
porque me dieron la espalda cuando más lo necesitaba, enojada porque después de
eso DEJE DE SER YO MISMA.” Y aquí quiero hacer hincapié en algo muy importante
para mí, una de las tantas cosas que me salvaron la vida y a quien quiero
dedicarle el episodio de hoy, ella, Lola. Llegó a mi vida de la forma menos
pensada, había pasado muchísimo
tiempo sin salir de mi cuarto, encerrada a oscuras, bajo los efectos de las
pastillas. A veces, cuando estoy en silencio, puedo sentir todavía esos pasos
de entrada y salida de mi flia, amigos, que sólo querían asegurarse de que
estuviera viva. Recuerdo que, ese día, había decidido salir del cuarto para
caminar un poco porque tenia todo el cuerpo entumecido y me encontré con mi
papá diciéndome que alguien me estaba esperando afuera… ahí estaba ella, con
sus ojitos caídos, la mirada casi perdida y su cuerpo adelgazado. No se había
dejado tocar por nadie, en casa intentaron darle de comer y agua pero ella solo
se alejaba. Papá me dijo que intentara y cuando lo hice no se acercó por la
comida ni el agua, se acercó directamente a mi para que la abrazara mientras
lloraba despacito. Nunca me voy a olvidar esa sensación tan hermosa de haber
podido conectarme con ella desde un principio, Los días siguientes, sin darme
cuenta, ya no estaba en mi cuarto encerrada sino afuera con ella, dándole de
comer, jugando con su juguete y pensando cómo iba a hacer para poder ir a la
veterinaria sin que se me despertara algún síntoma o ataque de pánico. Tenía
que tratar de no poner mi cuerpo en alerta porque podía desencadenarse en
alguna situación no muy buena y todavía no estaba lista para el afuera. Ella me
dio el impulso, el coraje de poder salir y sentir que mientras estuviera con
ella, nada podía pasarme… así, no solo fuimos en varias ocasiones a la
veterinaria sino también a paseos al aire libre. Ella lo había cambiado todo,
sin darnos cuenta mi vida estaba empezando a ser diferente, YO ME ESTABA
SINTIENDO DIFERENTE y útil que era lo que más me preocupaba y por esos días
también escribí sobre ella en mi cuaderno… “no hay amor más real y puro que el
de los animales. Son incondicionales y por eso voy a estar agradecida
eternamente con el universo por haberla puesto en mi camino y habernos
encontrado. Quizás hasta ese sea el motivo por el que quiera seguir existiendo
en la tierra”.
Lola pasó por tres quirófanos,
dos accidentes complicados pero seguía a mi lado sin querer dejarme… la
fortaleza que tenía para salir adelante, a pesar de todo, era admirable y me
hacía sentir más fuerte ante mi proceso de recuperación. Para Lola no había
días en cama ni estar encerradas, a ella le encantaba ponerse su pechera y
correr a la plaza para hacer su recorrido de todos los días. Todos las conocían
porque era la famosa “mamá perruna” de todas las razas pequeñas por las que se
cruzaba en su camino… hicimos muchos amigos, hasta en eso me ayudó sin querer,
el que volviera a socializar con los demás y poder abrirme un poco más para
expresar lo que sentía. Volver a casa sanas y a salvo era todo un desafío que se
terminaba convirtiendo en un gran premio por haberlo logrado, día a día. Lola
ya no esta más conmigo, hoy tuvo que dejarme para que siga poniendo en practica
todo lo que me enseñó y las cosas que hacíamos al despertarnos hasta dormirnos.
Lola se fue feliz porque todos dejamos de hacer nuestras actividades para poder
despedirnos y agradecerle por lo inmensa que fue en nuestras vidas y eso me
tranquiliza. Lola dejó un gran legado en esta familia y no tengo dudas que va a
seguir presente en la vida de cada uno, no solamente por como era sino por lo
que logró conmigo… ojalá hubiese existido la manera de poder ayudarla, como
ella lo hizo conmigo, ojalá hubiese sido eterna para poder seguir viviendo
muchas cosas una al lado de la otra… ojalá pueda llenar este vacío no sólo con
sus recuerdos sino también ayudando a alguien más que lo necesite y haya pasado
por lo mismo.
Lola no sólo me brindó apoyo
emocional, me ayudó a reducir el estrés y la ansiedad por la que vivía
encerrada entre cuatro paredes, con ella pude fomentar la conexión social y
darle un sentido de propósito. El vínculo con ella me ayudó a aliviar la soledad,
el estigma y las dificultades sociales que tenía, el cuidarla a diario me ayudó
a centrarme en el presente y a tener un sentido de control en general.
Aunque no sustituyen los
tratamientos médicos, las mascotas son un complemento valioso, promueven la
resiliencia y la recuperación de circunstancias adversas. También pueden
ayudarnos en otros aspectos como afrontar la ira y la frustración, nos ayudan a
lidiar con la depresión y otros problemas de salud mental, sirviendo como una
distracción de los síntomas típicos fomentando una actividad significativa como
el caminar, hacer ejercicios o jugar con ellos, lo que nos da mayor felicidad y
menos estrés en relación con otras actividades.
Otra forma puede ser tomándonos
el tiempo para uno mismo… mover el cuerpo es una excelente manera de tomarse un
tiempo para uno mismo, pasar tiempo en la naturaleza puede ser reparador,
permitiendo que el cerebro descanse y procese información, por eso tener una
mascota puede ser un gran motivo para salir a caminar y despejar la mente.
Cuidarnos es fundamental para procesar el cambio. Cuando todo puede resultar
abrumador, es fácil quedarse en cama o en el sillón de casa pero mantener
hábitos normales y saludables es esencial y las mascotas nos animan a mantener
esas rutinas y estructuras de nuestras vidas.
Cuidar de nuestras mascotas puede
incluso cambiar positivamente la forma en que pensamos sobre nosotros mismos,
lo que puede ser profundamente gratificante para las personas que enfrentamos
el estigma social por problemas de salud mental. Las mascotas no juzgan, no
evalúan y aceptan, lo que puede ser especialmente beneficioso para amortiguar
el estrés y la ansiedad social que por ahí tenemos.
Las mascotas nos ayudan a ser más
conscientes y vivir el presente. El cuidado de las mascotas, como la
alimentación regular, los paseos y el juego, pueden brindarnos la oportunidad
de enfocarnos en su atención y conectarnos con la vida cotidiana.
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